CLASE 1: Un poco de historia 

Introducción:

Desde hace 15.000 años, los humanos hemos usado la luz para prolongar y alumbrar. Entre las fuentes de iluminación más antiguas, se sabe de piedras ahuecadas y rellenas de grasa animal que servían como lámparas. En nuestra era moderna se sigue más o menos el mismo proceso, lámparas de aceite que extraen el combustible y lo llevan hacia la llama por medio de una mecha.

A lo largo de toda la historia documentada, las velas han sido la principal fuente de luz artifical en el norte y centro de Europa. Más al sur, donde la temperatura es superior, la gente prefirió el uso de lámparas de aceite porque las velas, con el calor, solían ablandarse y curvarse. Las lámparas de aceite llevan una mecha con uno de sus extremos sumergido en un contenedor de aceite líquido, en tanto que las velas llevan una mecha rodeada de una capa de combustible sólido y, por lo tanto, no necesitan un contenedor o recipiente por separado.

Antes del siglo XIX, el principal material para hacer velas era el sebo. El sebo es la grasa animal derretida y parcialmente purificada. Existen también otras sustancias similares. Estas velas expelían un humo denso y de aroma desagradable, pero tienen la ventaja de ser más baratas y seguras. En 1860 el científico Michael Faraday lo demostró en una conferencia pública, al encender algunas velas de sebo recuperadas del casco de un barco naufragado. A pesar de haber estado sumergidas en agua salada cincuenta y siete años, las velas ardieron al ser encendidas.

Estas primeras velas también se fabricaban con cras vegetales que provenían de plantas como la baya del laurel, de las hojas de la candelilla, de la corteza del arrayán brabántico, del esparto y de una variedad d ehojas de palma, como la carnauba o palmera de Brasil y el ouricury. También se elaboraban con tejido y secreciones animales, como el esperma de la ballena o la cera de abejas. Estas últimas, que pesan alrededor de 75 gr., se convirtieron en el modelo estándar para medir la fuerza lumínica de las velas.

A veces, animales enteros, como el petrel de las tormentas o el pez vela del noroeste del Pacífico, se hilvanaban con una mecha y se encendían como velas.

Entre las dos clases de combustible que se utilizaban, la cera de abejas se consideraba la más adecuada, ya que era más limpia que el sebo y tenía un olor agradable, en contraste con el olor rancio y el humo que produce este último. La cera de abejas era escasa y por lo mismo mucho más cara. Solamente las iglesias y los ricos podían darse el lujo de obtener velas de cera de abejas. De hecho, las normas de la Iglesia iinsistían en el uso de velas de cera porque tenían la creencia de que las abejas tenían una bendición especial del Todopoderoso. Se ordenó que la misa se celebrara a la luz de velas de cera de abejas, aun durante el día, porque éstas representaban el gozo espiritual.

A principio, las velas se elaboraban sumergiendo las mechas en cera derretida o les daban varios baños de cera hasta que se formaba un recubrimiento grueso. Hacia el siglo XV, se empezaron a emplear moldes de madera, aparentemente en París, pero no se podían utilizar con cera de abejas, por ser tan pegajosa y difícil de quitar de las superficies de madera. El método de elaboración de velas en moldes facilitó el procesamiento de las velas de sebo, por lo que éstas se volvieron más accesibles y menos caras. Sin embargo, estas velas se acababan muy rápido y las mechas tenían que ser constantemente recortadas para evitar que provocaran humo. (el proceso de recortar la mecha se denominó despabilar).

Hacia el siglo XVII, los edictos estatales europeos controlaban el peso, el tamaño y el coste de las velas En 1709, el Parlamento Británico prohibió que las velas se elaboraran en casa, a menos que se comprara un permiso y se pagaran impuestos. Las velas de junco, elaboradas mediante un proceso que consistía en sumergir en sebo los tallos de junco o carrizos, quedaron libres de gravamen y, por lo mismo, se convirtieron en la forma de iluminación más económica.

No es sorprendente descubrir que numerosos fabricantes de velas fueron perseguidos e incluso encarcelados, por evasión impositiva. La fabricación cacera de velas era una actividad prohibida, penada con severas multas.

Finalmente, en el siglo XIX, surgieron nuevos descubirmientos e inventos que revolucionaron la industria de las velas e hicieron posible la iluminación para todos. Desde el principio y hasta mediados de este siglo, se desarrolló un proceso que permitía refinar el sebo con álcali y ácido sulfúrico. El resultado fue un producto llamado estearina (éster formado por el ácido esteárico y la glicerina) La estearina es más dura y arde por más tiempo que el sebo no refinado. Este descubrimiento dio lugar a velas de sebo que ya casi no ahumaban ni tenían olor a rancio. Las estearinas podían también extraerse de aceites de palmas, así que tanto las ceras vegetales como las grasas animales pudieron utilizarse para elaborar velas. En este siglo también se desarrolló un método para trenzar fibras de mecha. Esto permitía que la mecha se doblara y se alejara de la llama de la vela, facilitando que hiciera combustión hasta convertirse en eniza; así se evitó estar constantemente cortando la mecha de la vela. También se desarrollaron tratamientos químicos para las fibras de las mechas que las hacían menos inflamables y, en consecuencia, las velas duraban encendidas más tiempo.

Las cerillas, inventadas en 1827, se mejoraron hacia finales de siglo. Se logró eliminar el encendido por medio de chispa de pedernal, del acero o de algún tipo de mecha y el tener que mantener el fuego encendido las 24 horas del día.

Alrededor de 1850, se logró el avance más importante: la parafina se refinó e hizo posible la elaboración de velas a base de petróleo. Gracias a la combinación de la parafina, que arde con limpieza y sin olor desagradable, con las estearinas que endurecen la parafina, aunada a las nuevas técnicas para elaborar mechas que se lograron a finales del siglo XIX, la industria de las velas mejoró radicalmente.

Aunque los materiales para elaborar velas mejoraron notablemente, el queroseno o petróleo destilado se volvió muy popular como una sustitución menos costosa y más asequible del combustible de aceite de ballena utilizado en las lámparas. Por ello las lámparas de aceite se convirtieron en la fuente preferida de la luz artificial. Asi que, aunque las velas mejoraron en el siglo XIX, nunca tuvieron la misma importancia que tenían cuando eran la única fuente de luz disponible. De hecho, las ventas de velas en el siglo XX están a la par de las ventas de finales del siglo XIX.

Hoy en día es difícil imaginarse un mundo en el que las velas eran tan esenciales para la vida en sociedad que su manufacturación y venta estaban controladas legalmente. En la actualidad, la fabricación de velas en el hogar es una «afición» entretenidida y relajante, de ningún modo esencial pero sí muy recomendable. Las usamos predominantemente para crear un ambiente romántico, durante apagones eléctricos, en la búsqueda de lo espiritual y en las ceremonias religiosas. Esto es lo que compartimos con nuestros ancentros del siglo XIX, ¡nunca hemos dejado de utilizar velas, aun cuando ya no las necesitemos». A la luz de las velas se han escrito poemas, tratados científicos y filosóficos. Se han puesto en juego intereses, emociones y afectos. Las velas, candeleros y candelabros son complementos decorativos, crean una atmósfera íntima y romántica, cargada de nostalgia y encanto.

Con este curso aprenderá cómo hacerlas, con consejos útiles para que usted también pueda expresar su creatividad a través de las manualidades y se rodee del calor y el misterio que sólo las velas pueden emanar.

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