Hoy 26 de noviembre es el primer domingo de Adviento y en muchas casa vemos que antes de Navidad se pone como centro de mesa una corona con velas. Además de ser un elemento decorativo, esta corona anuncia que la Navidad está cerca y debemos prepararnos.


La costumbre es de origen pagano, esta corona representaba el ruego al sol para que regresara con su luz y calor durante el invierno. Los cristianos, para prepararnos a la venida de nuestra LUZ y VIDA, la Natividad del Señor, aprovechamos esta “Corona de adviento” como medio para esperar a Cristo y rogarle infunda en nuestras almas su luz.

El círculo es una figura geométrica perfecta que no tiene ni principio ni fin. La corona de adviento tiene forma de círculo para recordarnos que Dios no tiene principio ni fin, reflejando su unidad y eternidad. Nos ayuda también a pensar en los miles de años de espera desde Adán hasta Cristo y en la segunda y definitiva venida; nos concientiza que de Dios venimos y a Él vamos a regresar.

El follaje verde perenne (que puede ser de ramas de pino, oyamel o hiedtra) representan que Cristo está vivo entre nosotros, además su verde color nos recuerda la vida de gracia, el crecimiento espiritual y la esperanza que debemos cultivar durante el Adviento.

Las cuatro velas representan los cuatro domingos de Adviento. La primera, segunda y cuarta vela que se encienden son de color morado. El color morado representa el espíritu de vigilia, penitencia y sacrificio que debemos tener para prepararnos adecuadamente para la llegada de Cristo. El tercer domingo se enciende la vela rosada. Este color representa el gozo que sentimos ante la cercanía del nacimiento del Señor. El día de Navidad las velas moradas son substituidas otras de color rojo que simboliza el espíritu festivo de la reunión familiar. En algunos, todas las velas se substituyen por velas rojas y en el centro se coloca una vela blanca o sirio simbolizando a Cristo como centro de todo cuanto existe.

La luz de las velas simboliza la luz de Cristo que desde pequeños buscamos y que nos permite ver, tanto el mundo como nuestro interior. Cuatro domingos antes de la Navidad se prende la primera vela. Cada domingo se enciende una vela más. El hecho de irlas prendiendo poco a poco nos recuerda como conforme se acerca la luz las tinieblas se van disipando, de la misma forma que conforme se acerca la llegada de Jesucristo que es luz para nuestra vida se debe ir esfumando el reinado del pecado sobre la tierra. La luz de la vela blanca o del cirio que se enciende durante la Noche Buena nos recuerda que Cristo es la Luz del mundo. El brillo de la luz de esa vela blanca en Navidad nos recuerda como en la plenitud de los tiempos se cumple el “Advenimiento del Señor”.

Esta Corona se confecciona con ramas verdes, pero sin flores. El ideal es que la base sea de un material sólido, para que se puedan colocar las velas sin que se caigan. Recuerden que se usan cuatro velas de colores vistosos, (litúrgicamente pueden ser tres moradas y una color fucsia o rosada para el tercer Domingo de Adviento) que se van encendiendo, una a una, cada Domingo hasta completar las cuatro semanas. La luz de cada vela nos va indicando el camino que debemos recorrer hacia la luz plena de Navidad. La luz ilumina, nos aleja del miedo, de los peligros, es símbolo de Jesucristo, Luz del mundo, Luz de las naciones.

En la Corona de Adviento se simboliza la esperanza de que la luz y la vida triunfarán sobre las tinieblas y la muerte. La pedagogía de este signo es, sin duda, una verdadera presencia del Señor en nuestro hogar.

Otra opción es hacer una corona que cuelgue desde el techo, más que una que se ponga sobre la mesa, en todo caso, lo importante es confeccionar este signo pero no para tenerlo de adorno sino que para ir rezando, juntos, y en familia, cada Domingo hasta la Navidad. Veamos, a continuación, unas sencillas sugerencias para aplicar en la casa:

Oración en familia:

Para iniciar este momento de oración, se reúne toda la familia alrededor de la Corona de Adviento. El papá o la mamá, cada Domingo, ha de motivar a los demás integrantes a vivir con alegría y respeto este momento.

Un par de sugerencias:

Además de las cuatro velas que se han encendido durante el Adviento, se puede agregar una quinta vela de color blanco en la noche de Navidad para que permanezca allí hasta que culmine el tiempo litúrgico de Navidad.

Otra opción es ponerle a cada vela, un número correspondiente al año, (este año sería 2 0 0 6) para volver a encender las cuatro velas más la quinta de color blanco poco antes de las doce de la noche del año viejo. Allí, cada uno de nosotros, iluminados por la luz del Señor y el verde de la vida, puede ir diciendo lo que había significado el año viejo y lo que esperaba para este nuevo año. De este modo, una vez más, invocamos la presencia de Jesucristo en nuestro hogar, ahora al comenzar el nuevo año.

La Corona de Adviento, los importantes momentos de oración cada domingo al encender las velas, la participación de los niños, los papás. El canto, los villancicos, el pesebre, las luces, los saludos, el árbol, los regalos, todo esto ayuda para que este periodo, sea de verdad un tiempo de alegre expectativa y de esperanza en un mundo nuevo y mejor.

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